La cocina detrás del liderazgo efectivo

“Ganamos cuando generamos cambios en las conductas que nos llevan a obtener resultados favorables”. Así lo indicó Rubén Magnano,entrenador nacional de básquet que  dirigió los equipos Atenas de Córdoba, Boca Juniors, Varese (Italia), Sevilla (España) y la selección argentina de 2000 a 2004.

El 4 de septiembre de 2002 la selección argentina de básquet alcanzó un logro histórico al ganarle al equipo estadounidense (“dream team”), que hasta entonces se consideraba invencible.

“Toda victoria tiene un inicio. Hay que tener coraje, determinación y hacerse cargo de las circunstancias, con objetivos mediatos e inmediatos. Y más en una selección, donde los tiempos de preparación son efímeros y los objetivos deben plantearse de manera cuantificable y con reglas claras”, aseguró.

“Si tenemos el respeto de nuestros dirigidos, vamos a tener resultados al alcance de la mano; somos facilitadores de éxito”, añadió.

Magnano dijo que los verdaderos líderes perciben más allá de la imagen que reciben. “Cuando tenemos gente a cargo los verdaderos pensamientos van a estar dados en las actitudes que ellos tengan. Para apoyarlos tenemos que estar preparados. Yo trabajé durante ocho años en la selección argentina de básquet como asistente técnico y ese período lo llamé tiempo de trincheras, donde pude desarrollar la percepción para poder decisiones el día que me tocara dirigir al equipo”,

“El líder está obligado a crear un ambiente de credibilidad para que los jugadores crean que pueden llegar a ganar. El aspecto táctico es importante, pero también el aspecto movilizante que hace que salgan con actitud ganadora”,

“Tenemos que aprender a escuchar: es un valor imprescindible”. El entregador dijo que es muy común que alguno diga que no quiere hacer algo con excusas, cuando en realidad es probable que no pueda hacerlo pero que no quiera reconocerlo; en tales casos, el líder debe advertir la situación para evitar complicaciones en el equipo.

“Nos ha tocado salir campeones de una liga nacional porque tuve la capacidad de escuchar al capitán del equipo que, faltando cuatro minutos para termine el juego y perdiendo por cinco puntos, me propuso cambios que acepté y que finalmente nos llevaron a la ganar; tenemos que tener la humildad de saber escuchar”, indicó. “El verdadero capital son las personas”, concluyó.

Por su parte, Juan Pablo Sorín, ex futbolista y actual comunicador, comentarista y productor de contenidos, indicó que “la duda en un equipo es como un fruto podrido: cuando se empieza a expandir, complica las cosas. Tenemos que ser claros con los mensajes”.

Sorín relató su experiencia como participante del seleccionado sub-20 que jugó en el mundial juvenil sub-20 de Qatar de 1995. “Los favoritos eran otros equipos. Pero nosotros teníamos algo especial que los demás no tenían: un hambre de ganar enorme que nos hacía invencibles”.

Sorín indicó que “el líder tiene que estar 24 horas pensando en el grupo” y que que el trabajo en equipo sea efectivo no debe haber celos entre los jugadores ni entre éstos y el entrenador.

“Me ha pasado como jugador de saber en medio de un partido que el sistema (propuesto) no estaba funcionando y hablar con otros jugadores para cambiarlo; si el entrenador está en la misma sintonía, no debería enojarse con algo así”, aseguró.

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